viernes 3 de abril de 2009

Mensajes - Cuentacuentos 50

-Yo sólo quería un café y, ¿ahora resulta que su destino está en mis manos?

En el bar, el murmullo de la gente repartida por todo el local ensordecía las palabras de Marcos. Pedro lo miraba sonriendo mientras sorbía el contenido de su tercera taza de café.

-Quizá sea una broma, Marcos. ¿Estás seguro que no la conoces de nada?

-¡Que no, tío! –contestó exaltado -. ¡Que no la he visto en mi vida!

-Qué raro… No sé… Puede que hoy no sea tu día de suerte.

-¡Encima!

-Pero tranquilo… ¿qué dices que te ha escrito?

Marcos le pasó unos papeles doblados por debajo de la mesa. El amigo los mantuvo escondidos, haciendo el esfuerzo de distinguir las letras a esa distancia.

-Están por orden –señaló Marcos -, según me los ha ido dejando.

Y en efecto seguían ese orden: “No sé quién eres, pero sólo con verte entrar me has causado muy buena impresión. Espero no ser muy atrevida.”

-Bueno… -comentó Pedro -. La chica parece simpática, ¿no?

-¡Lee, coño!

-Voy, voy…

El segundo era algo más precipitado: “Desearía poder quedar contigo cuando acabe con mi turno. ¿A las diez va bien? Pídeme otro café para decirme si es que sí.”

-Y se lo has pedido, ¿no?

-¡Claro! Pensé que no era más que una broma.

-Piensas demasiado.

El tercero iba más directo: “Al menos podías haberme dicho algo cuando me he acercado a traerte el café. Tu sonrisa burlona me ha hecho sentir violenta. ¿Qué es lo que quieres?”

-Joder…

-¿Sólo se te ocurre eso? –dijo Marcos, obstinado -. ¿Joder?

-Es que a esta muchacha se le va un poco la pinza.

Marcos se dejó caer contra el respaldo, cerrando los ojos a la vez que se frotaba las sienes. Pedro dedicó un último vistazo para leer el cuarto y último de los mensajes: “Ni siquiera te dignas a girarte para verme. Eres un estúpido como todos los demás. Te odio.”

-Qué fuerte, qué fuerte… ¡qué fuerte! –Pedro alzó la taza a modo de brindis -. Eres un campeón, colega. ¿Cómo lo haces?

-¿Cómo hago el qué?

-Ligar así de simple. Además, parece que has causado un flechazo tremendo.

-Poca broma, capullo. Que bastante mal me siento. Calla, calla. Que se acerca de nuevo.

Los chicos miraron hacia el lado opuesto del que se acercaba una joven muy bella, con el rostro compungido y agazapado. Su pelo negro ocultaba parcialmente una cara de muñeca rusa con mirada perdida. Como la mirada de las mudas muñecas de porcelana que cubrían el lecho donde una abuela cualquiera expiró con su último halo. La joven avanzaba entre la multitud bochornosa deslizándose con suavidad, ingrávida, flotante. Daba la impresión que sus pies no rozaran el suelo sucio que a la clientela universitaria gustaba corromper con la suciedad de sus desechos y las colillas de su futuro cáncer pulmonar. Se acercó a la mesa de los muchachos y esperó allí unos segundos. Para Marcos fueron horas. Finalmente dejó caer el quinto papel doblado sobre la falda del joven que no la miraba, que la ignoraba por temor a reprocharse a él mismo algo más sucio que el suelo pisoteado por pies de estudiantes y cabezas de gambas, succionadas y luego arrojadas a la suerte de ser aplastadas. Giró sobre su cuerpo impávido y solemne y desapareció por el pasillo que separaba la barra de los aseos. Marcos cogió el papel. El pulso hacía que temblara y no lograra alcanzar a coger la punta con los dedos. Estaba nervioso. Al fin logró apresar la esquina con fuerza y, justo antes de abrir el mensaje y descubrir que en aquél preciso instante prefería estar bajo tierra, miró a Pedro buscando su aceptación. Pedro bajó y alzó la cabeza muy lentamente, mirando a ambos lados en busca de esos ojos que siempre vigilan lo que no deben. Marcos abrió por fin el papel y leyó el mensaje con pavor: “Pensaba que contigo podría escapar del tormento que he conocido con los de tu calaña. No eres más que un ladrón de ilusiones que rompes el corazón a personas débiles y frágiles como yo. No te molestaré nunca más. Lo juro. Voy a poner fin a esto ahora para librarnos a los dos del lastre de nuestros sentimientos incompatibles.”

-¡Esta tía está loca! –gritó al amigo mientras le lanzaba el trozo de papel. Pedro leyó las mismas palabras y su rostro se ensombreció gradualmente.

En el bar, la gente seguía igual de impasible que los minutos anteriores, las horas anteriores. Pero a Marcos le pareció que había ojos que le miraban, ojos que le denunciaban y le acusaban de lo que estaba a punto de ocurrir en el fondo de aquel pasillo que se adentraba en la penumbra que nadie se atreve a iluminar. Marcos se levantó con un espasmo y salió disparado hacia esa zona oscura. Pedro se colocó a su espalda para darle confianza y apoyo. Al final del pasillo llegaron a una puerta metálica cerrada. Marcos apoyó su mano en ella para escuchar qué ocurría detrás. Notó el frío del hierro y sintió que tras esa puerta había algo más frío, y dolido. Y silencioso. No se escuchaba nada más que las vibraciones del hierro que hacía rebotar el murmullo del gentío inalterable. Agarró el pomo con fuerza, respiró hondamente y entró a su suerte, rezando para que nada hubiera ocurrido en el tiempo perdido de su decisión. Tras la puerta había una oscuridad más negra aún. Dio un paso al frente. Dio un segundo paso. Y entonces notó el ruido metálico, el estallido del fogonazo que impactó sobre sus ojos y escuchó algo que le dejó más helado que el propio hierro que acababa de cruzar:

-¡Felicidades! –gritaron todos sus amigos al unísono. Y entonces vio a la chica del pelo negro cómo se acercaba con una taza más de café en sus manos; sonriente y sonrojada.

Tras él, Pedro se aguantaba la risa.

5 caminantes han parado a tomar café:

Jara dijo...

Enviando sms:
Capullo (hace cuanto q not decia esto...) m as sorprendio contu historia q xa nada m imaginaba algo así, ya pensaba yo en 1asesinato macabro dnd lo+ bonito sería arrancarle la piel a tiras xa hacer 1lámpara ;)

Eso hubiera sido lo esperado y sto ha sido lo original.

Muak


MENSAJE RECIBIDO.

*Sechat* dijo...

Me ha pasado como a Jara. Esperaba algo más siniestro, pero el giro del final me ha pillado por sorpresa y me ha gustado. Aunque eso siempre es fácil, viniendo de ti.

Sara dijo...

Me ha gustado mucho la manera en que se desliza la historia... lo mejor de todo es que, dentro de lo ilógico, podría ser perfectamente real... ;)
Pd. Grandioso el giro final, por cierto!

Brujita dijo...

coincido con los comentarios de arriba, me ha sorprendido gratamente el giro final

besines embrujados

carlos dijo...

Ella le conocía y sabía cada paso.
Lo que está bien escrito está bien escrito.
Enhorabuena