martes, 3 de febrero de 2009

La última luna - Cuentacuentos 48

La luna estaba zurcida al techo ennegrecido, haciendo de él un cielo tenebroso. Las nubes ocultaban parcialmente el resplandor blanco, difuminando su contorno bizarro. Y el sonido del oleaje lejano se dejaba escuchar sosegado, batiéndose contra las rocas del mismo color azabache del cielo. Más lejano que el rompeolas eran los destellos plateados del agua fría en penumbra. El olor a salitre marino, un olor agudo y denso, que penetraba hasta el recoveco más profundo de mis pulmones, me mostraba su aroma más tétrico y mortuorio; haciéndome pensar en todos esos cuerpos engullidos en sus profundidades, compadeciéndome de ellos y de sus últimos halos acuosos. Y eso me hace temblar por dentro.

Esta es la última noche que podré disfrutar de su calma compañía. La última vez que la luna, escondida ahora tras un velo grisáceo, me reflejará con su luz mágica y enternecedora el rostro que tantos años hace que no me devuelve un espejo limpio y franco. Y las horas muertas continúan pasando, esta noche más vivas que nunca. Confesándome a cada segundo que ha pasado uno más, o me queda uno menos. Y así desde que cayó el ocaso, hace ya no sé cuántas horas.

Un leve, muy leve, resplandor asoma por la parte oriental. Ese es el fulgor que detestaba recibir hoy. Poco a poco se alza tímidamente sobre el horizonte invisible, dejando ver su llegada con una caricia rojiza sobre el océano que se extiende frente a mí. La mar está roja. La mar está ensangrentada, rememorando la sangre que ha absorbido a lo largo de su vida. Pero es la primera vez que veo ese rojo intenso. Quizá porque me está esperando. Me da la bienvenida. Me llama. Me desea… y los pasos, seguidos por el sonido del resorte y el crujir de las bisagras, me avisan que ya es la hora de reunirme con ella.

–Es la hora –me anuncia su lacayo, alzando los grilletes.

Y mientras me maniata con las toscas arandelas, miro atrás, a través de los barrotes.

–Ya voy, amada mía –susurro hacia mi mar querida–. Pronto seré tuyo por siempre.