lunes, 30 de marzo de 2009

El sonido del silencio I - Cuentacuentos 49

Cuando ya no supiéramos de qué hablar, nos acurrucaríamos en un rincón a dormir abrazados. Hablaríamos entonces con miradas melancólicas, intentando descifrar el pensamiento del otro. Ya no valdrían gran cosa las caricias en la mejilla, ni entrelazar los dedos entre el pelo. No serviría de nada el contacto de los labios para notar el frío de la piel. Callaríamos como callan los cobardes que tienen tanto que decir y tan poco que protestar. Esconderíamos la cabeza entre los brazos, ajenos ya a la ternura del principio, olvidando lo que ocurre fuera de las cuatro paredes; más allá de la falsa burbuja que hemos creado para aislarnos del mundo. Tú verías el temor en mi mirada. Yo adivinaría la humedad de la lágrima que desciende por tu mejilla, y no haría nada por frenar el surco que gravaría en tu piel.

Cuando ya no supiéramos de qué hablar, quedaríamos mudos ante el horror que nos espera en el exterior. Esperándonos. Acechándonos. Pero no. Hemos creado esa maldita falsa burbuja que, pensamos, nos va a ayudar. Y cuando escuchemos el silbido acercándose, te diré entonces, susurrándote, un te quiero; antes que el estruendo de la explosión nos separe del todo para siempre.